1. PRESENTACIÓN
Vivimos en Chile, un país azotado por los fenómenos naturales:
Terremotos, maremotos, volcanes en erupción y tempestades.
Lluvias centenarias, ríos atmosféricos,
ríos que se desbordan recuperando el cauce
después de años de sequía y desertificación.
También sufrimos las consecuencias
de nuestras propias acciones humanas:
Deforestación, contaminación del aire y del agua,
sobrepesca, monocultivos de pinos y eucaliptus
y la urbanización descontrolada.
El cambio climático también hace estragos,
como si los elementos de la naturaleza estuvieran en un gran caos,
iniciándose así el cataclismo,
la caída del ser humano a la incivilidad.
Ante este escenario con guerras entre gentilicios,
la humanidad sin esperanzas va camino a un mundo distópico,
a menos que recuperemos la memoria
y resignifiquemos el nombre de nuestro territorio.
Este ensayo es un ejercicio que se nutre de la toponimia
para mirar al mundo desde un nuevo gentilicio.
Soy un habitante con distintos sobrenombres:
Desde la lengua española nací en Chile, soy chileno.
Desde la lengua mapuzungun nací en Chileufü, soy chilefche.
Dos gentilicios que sí pueden hacer acuerdos y compartir el mismo territorio.
2. EL ORIGEN DEL NOMBRE CHILE
Chile es uno de los pocos países del mundo
que nacen a partir de un poema épico.
En efecto, los alemanes tienen a “Los Nibelungos”
y los españoles al “Cantar del Mio Cid”.
Nosotros tenemos “La Araucana” de Alonso de Ercilla y Zúñiga,
el poeta que mencionó por primera vez al Reino de Chile,
un nombre susurrado
por los arroyos del glaciar de los Andes en verano,
siempre descolonizado del “Reino de Nueva Extremadura”.
Vivimos en Chile ¿y aún no sabemos el origen de nuestro gentilicio?
Conozcamos el significado real del nombre.
Ahí se guarda la misión y visión del proyecto sociohistórico del Reino
de ese Chile profundo.
De lo contrario, seguiremos más que en la ignorancia, en la amnesia,
olvidándonos hasta de nosotros mismos,
vulnerables a ser colonizados por cualquier tipo de ilusión o reino,
negando el nombre de nuestro pueblo.
Por eso exclamo que Chile no es el ají de los picantes
por la faja de tierra larga y angosta.
Tampoco es por estar al sur del imperio inca:
“al final del mundo”, chilli en aymará,
o “donde hace más frío”, chiri en quechua.
Tampoco es completamente cierta
la teoría de los Jesuitas del siglo XVII,
afirmando que Chile es dado por el mapuche
que con su lengua onomatopéyica,
intenta imitar el cantar trile-trile
del pájaro agelasticus thilius.
La tesis que les presento para ser comprobada por ustedes mismos
es que Chile es Chilef, Chi-leufü, el País de los Eternos Ríos,
que desde la altura de la Cordillera de Los Andes
nacen y fluyen fertilizando los valles
en dirección al Océano Pacífico.
Si esta tesis no es compartida,
el Estado Chileno pasará a ser Chile-no,
un Estado de consciencia social impotente que niega la eternidad de los ríos,
niega a Chile como la copia feliz del Edén,
deja de ser el asilo contra la opresión
y hace que las nuevas generaciones
pierdan el patrimonio natural, cultural y arquitectónico.
Así es como la Distopía Avanza,
confundiendo los elementos,
rompiendo el equilibrio con la polarización,
quitándole poder al reino humano,
haciéndonos creer que solo somos del reino animal,
una masa inconsciente, corderos de su dios dinero,
la zanahoria inalcanzable para el burro que carga con los deseos ajenos.
Ya no queremos ser esclavos viendo el teatro de sus sombras
proyectadas en las paredes de la caverna de Platón
o en el Smart-tv de mi living-room.
3. INICIO DEL VIAJE
Al igual que la mayoría de los chilenos,
Vivo en y con la depresión intermedia.
Nací a orillas del Río Mapocho, Mapucheko o Mapuchunko.
Es nombrado “Agua de los Habitantes de la Tierra”,
un río que después de recorrer más de 100 kilómetros,
entra y se pierde en la tierra de Chuchunko
para volverla Maipo, fértil y labrada.
En tiempos de la Colonia, un grupo de supuestos “civilizados”
le puso de sobrenombre “La Cañada” a un brazo del río Mapocho.
Ahí tiraron sus deshechos y convirtieron la zona en un basural.
Ese fue el verdadero aroma de la supuesta Colonia.
Después de la Independencia de Chile,
ese mismo basural se transformó en la Gran Alameda,
donde el cemento y la nube gris nos impiden ver
las luces del Cielo y los colores de la Tierra.
En el año 1982 nací yo en Estación Central, el antiguo Chuchunko City.
En ese mismo año el principal río de Chile hizo su entrada triunfal
desbordándose por toda la capital,
marcando territorio y devolviendo bien por bien y mal por mal.
En 1989 cambió el Estado de Consciencia Social,
cambió de Dictadura a Democracia,
me cambié de Chuchunco city a Talca, mi Tralka,
Tierra de truenos que despiertan la consciencia.
Tierra para firmar acuerdos y declarar principios por la independencia.
Del 2001 en adelante aprendí y trabajé en Temuco,
alrededor del Ñielol,
cerro de cuevas secretas en su interior.
Recorrí un espiral ascendente por toda la región
que va desde el Altar de Piedras de Curarrewe,
hasta el mar de Puerto Saavedra, Tierra Lafkenche,
escenario del gran mito de Kaykay y Trengtreng.
En el 2012 me teletransporté por las cuevas del Ñielol a la Campana,
Encontrándome con la maestría de Lilmachi,
un ser puro y sublime,
conectado con la familia eterna y ancestral de las tierras de Chile,
cuyo primer anfitrión fue Thili, Lonko del Aconcagua.
Basado en su memoria y originalidad,
salí de la depresión intermedia que me hacía tanto mal
y me comprometí a ser habitante guardián
del último jardín que queda,
el fractal del planeta.
En el 2013 subí la cordillera de la Costa por el río Cauquenes,
buscando al pez que se extinguió por la gula humana.
Quedé maravillado por los oficios tradicionales:
el aguardiente del maestro Lalo,
el vino tinto de don Reinaldo,
el vino blanco de la señora Amada,
la gastronomía de origen del Rorro,
la medicina del Fito
y la alfarería de las mujeres de Pilén.
4. DERECHO HUMANO AL ESPACIO, TIEMPO Y LUZ
Desde la montaña de Kinwe, lugar de sabiduría,
celebré la culminación de los dos mil años
del gran Seminario de Piscis,
“el poder de Creer”,
para entrar a este nuevo Seminario de Acuario,
“el poder de Saber”.
Perdí, busqué y encontré mi espacio:
personal, conyugal, familiar,
comunitario y universal.
Perdí, busqué y recuperé mi tiempo:
El tiempo ya no vale oro, ahora es Arte,
Lo que I.A. no puede hacer.
Perdí, busqué y descubrí mi luz:
esa genialidad de encontrar las palabras precisas y preciosas,
rayos reveladores que abren puertas, ventanas y techos.
Esa luz que está en cada ser, por más profunda y oculta que esté.
La esperanza de la tierra prometida se cumple
cuando una sociedad del reino humano
se organiza en pos de garantizar
el derecho humano fundamental
a tener espacio, tiempo y luz,
lo mismo que necesita una semilla para germinar.
5. LA MAGIA VIOLETA
Intentaré descifrar signos, sin ser sabio competente.
En el 2017 el río Mapocho vuelve a inundar la capital chilena.
Para mí es la señal de Violeta volviendo al año 17,
después de vivir un siglo con una mitad en la Tierra
y la otra mitad cruzando desde el Bardo al Cielo.
Violeta Parra canalizó el espíritu de época
a través de su canción “El Gavilán”.
El Gavilán representa al capitalismo
que a través de un juego de ilusiones
logra atrapar a la gallina que es el pueblo.
En la misma canción aparece una frase misteriosa:
“me confunden los 7 elementos… hay de mí”.
Eso quiere decir que el Gavilán
viene a desordenar los 7 elementos
para confundir a los pueblos y sus habitantes,
como un imperio que divide para gobernarlos a todos.
Vendemos a precio de huevo la tierra,
el agua, el oro y hasta el litio
A cambio de puros espejitos.
Nos volvemos cómplices de la contaminación del aire.
Dejamos de tener contacto directo con el fuego
que transforma la casa en hogar.
Estando en la confusión,
nuestra palabra no tiene peso ni validez.
No nos damos el tiempo
para conversar lo que está pendiente.
Solo escuchamos balbuceos,
palabras sin sentido o con doble sentido.
La luz de la consciencia humana disminuye,
porque todo es relativo.
Lo importante es la forma y la apariencia
más que la esencia y el contenido.
Así de confundidos estamos hoy en día.
Un pueblo sin misión y visión se convierte en masa,
esa que quiere ser menos pueblo y más gente
siguiendo lo que está de moda de forma inconsciente,
obligados a producir con estrés
y consumir con ansiedad.
Sobrevivimos en Chile endeudados
y sin poder habitarla de verdad.
¿El pueblo de Chile tiene soberanía
o solo es de algunas familias?
¿Con qué principios observamos la realidad
para afirmar si es o no justa, sinérgica o entrópica?
Guerra cultural:
profanan los principios de la modernidad,
divididos en partidos están,
libertad, igualdad y fraternidad.
Guerra santa:
sectarizan los principios de la antigüedad,
Amor, esperanza y dogma,
queriendo a Dios seccionarlo
y no verlo como un fractal.
Es imposible que el amor pueda llegar a la tierra prometida
sin la esperanza en el porvenir
y sin un dogma fundamental
que haga de la práctica una constancia.
El capitalismo, encarnado por el Gavilán de Violeta,
es el que confunde los 7 elementos del cosmos,
manteniéndonos atrapados en la ilusión del mercado,
mientras nos van quitando derechos y soberanías.
El malestar social y el desencantamiento del mundo crece.
La opinión pública se mueve de un extremo a otro
sin un sentido que nos una.
Estamos al borde de asesinar o suicidarnos.
Para recuperar la memoria y vivir con la consciencia
de ser habitante con hábitos acordes al hábitat,
es preciso volver a sentir profundo
y tener contacto con los 7 elementos
como un niño frente a Dios.
6. COSMOS
El cuerpo de Dios es el universo
con más de 13 mil millones de años expandiéndose,
como una cebolla de infinitas membranas,
envolviendo átomos y conjuntos de galaxias
para cultivar nuestro espíritu con experiencias,
habitar el vacío y llenarlo de luz.
Veo la curva del planeta
y me imagino estar habitando en un gran óvulo
sostenido por el útero de la Diosa.
Veo la bóveda celeste
como un gran saco de estrellas fugases del mismo Dios
que al caer a la Tierra son como grandes espermios,
señales del orgasmo divino,
dando vida nueva y cumpliendo deseos
a los fieles testigos
de este amor infinito.
Ya no hay separación entre tú y el universo que te rodea.
Aunque nos hayan cortado el cordón umbilical,
siempre estaremos religados a todas las envolturas
por siete cordones que traspasan los siete chakras.
ALMA, un eterno ALiento que anima nuestra MAteria.
Observamos, sentimos, pensamos y nos desenvolvemos
en todas las envolturas que podamos percibir.
Somos sujetos con el poder de auto-observarse.
Nadie más que tú eres capaz de pensar
sobre tus propios pensamientos.
7. LOS SIETE ELEMENTOS
El cuerpo universal y todas sus envolturas
están constituidas por los mismos 7 elementos.
Por ejemplo, cada elemento está relacionado
con los 7 sentidos del cuerpo
que abren la percepción de la realidad:
Elemento Tierra para estimular el tacto.
Elemento Agua para activar el gusto.
Elemento Fuego para desarrollar la vista.
Elemento Aire para distinguir los aromas con el olfato.
Elemento Éter que se manifiesta en el verbo y se capta con la audición.
Elemento Luz para orientarnos en el espacio con el sentido vestibular.
Elemento Vibración para sentir el latido del corazón y de todo lo propioceptivo.
Los 7 elementos se ordenan en función de la geometría sagrada y proyectiva,
afirmando que el punto es lo más complejo
y el plano es lo más simple.
Tu punto es ahora lo más complejo
y ya no estás atrapado en ningún cubo.
Desde ese punto de fuga nace la flor de la vida
que se expande hasta ser la Biósfera del Planeta,
la que nos envuelve a todos.
8. LA BIOSFERA
Es la envoltura a la que pertenecemos todos sin distinción,
es el ecosistema global de seres vivos y sus interrelaciones,
organizados en 7 reinos.
Cada reino está predominado por un elemento:
Reino Mineral / elemento tierra
Reino Vegetal / elemento agua
Reino Animal / elemento aire
Reino Humano / elemento fuego
Reino Eterno / elemento éter
Reino Angelical / elemento luz
Reino Divino / elemento vibración
Nosotros los seres humanos,
por más que nos quieran hacer creer que sí,
en realidad no somos del Reino Animal.
Tenemos nuestro propio reino.
El animal solo se puede adaptar
a las distintas situaciones de la vida,
porque su fin es otro tan noble como el nuestro:
controlar los impulsos salvajes con la respiración.
En cambio, nosotros los humanos
somos los únicos seres vivos
que podemos dominar el fuego
para transformar la materia
y así crear nuevas situaciones
nunca antes imaginadas.
Con el fuego podemos mantener la hoguera
y así convertir cualquier espacio
en un hogar protegido
que repele a las bestias y bacterias.
Sin embargo, también podemos bombardear a un pueblo
y quemar todo su hábitat hasta ser causal del cataclismo.
9. EL CATACLISMO ANTIGUO EN CHILE
La cultura mapuche tiene en sus epew, o mitos fundacionales,
el relato del último cataclismo ocurrido hace 13 mil años atrás.
El mito afirma que una gran serpiente llamada Kaykay
comenzó a elevar las aguas para inundar la Tierra
y así acabar con los seres humanos.
Ante este inusual maremoto,
apareció la gran serpiente Trengtreng
que con su fuerza telúrica levantó cerros y montañas
de la Costa y Los Andes
para salvar el reino humano.
Los que sucumbieron
en peces y pumas se convirtieron,
mientras que los sobrevivientes
establecieron un nuevo pacto con la Tierra
por medio de la siguiente declaración:
Somos de la Tierra, “in che mapuche”,
en el sentido de ser “Parte de Ella”
y no ser “Propietarios de Ésta”.
A lo largo del tiempo,
los biocultores mantuvieron viva la memoria
nombrando a cada zona de este territorio
como señales éticas para ser guardianes del equilibrio,
y así no sufrir cuando se aproximen cambios climáticos
de orden global.
Efectivamente, en los nombres se guarda la memoria
y es preciso descubrir para orientar la acción,
adelantarse a los hechos y prevenir calamidades.
10. EL NUEVO CATACLISMO EN CHILE
El cambio climático está alterando
el orden de los elementos de la naturaleza.
Pero esta alteración no será igual
que hace 13 mil años atrás.
El reino humano es el principal causante
y protagonizará este cambio con resistencias y aperturas mentales.
En el año 2023 crecieron sus caudales todos los ríos de Chile,
Siendo la región del Maule la más perjudicada.
En efecto, Maule es Mawun Leufü
“Río que crece con la lluvia”,
y qué manera de crecer y desbordarse
todos los ríos de la región.
Los habitantes de Licantén
sufrieron dos grandes inundaciones por el río Mataquito
que acumuló el agua sin poder desembocarla al mar.
En Licantén, Likan Treng,
solo quedaron en pie las casas de aquellos cerros de cuarzo
levantados antiguamente por Treng-treng.
A este fenómeno se le llama
“río atmosférico” o “lluvia centenaria”,
que cada cien años los ríos se vuelven protagonistas de la historia
recuperando el cauce con todas sus fuerzas,
arrasando con aquellos asentamientos
que han olvidado la magnitud de este fenómeno.
Es un fenómeno que nos hace reflexionar
sobre nuestro modo de vida
y recordar lo que es Chile realmente:
Chile es Chileufü,
“País de los Eternos Ríos”.
11. LA VISIÓN DE CHILE COMO CHILEUFÜ
Después de toda catástrofe,
el Cielo se limpia del smog y la Tierra se vuelve a vestir.
Todos nos hemos estremecido
al ver la cordillera de los Andes
como una cadena de gigantes de tierra y metales
creciendo en cada ciclo con erupciones y temblores,
con ganas de llegar a tocar el cielo.
Es realmente un símbolo de majestuosidad
Para quienes vivimos en la depresión intermedia,
tanto en lo geográfico como en lo psicológico.
Pero si nos situamos en lo más alto del Aconcagua,
comprenderemos al gran espíritu del territorio
que el Lonko Thili logró cuidar y traspasar.
Hacia el océano Atlántico vemos la pampa
en toda su extensión plana de 400 mil KM2.
Pero hacia el Pacífico vemos la tierra fértil
nutrida por eternos ríos que fluyen sin parar.
Por eso Chile es Chileufü,
País de los Eternos Ríos,
donde “Chi” es eterno y “Leufü” es río.
Como el Loa que cruza el desierto más seco del mundo;
el Cachapoal, el Mataquito y el Maule
que renacen y crecen con cada lluvia centenaria;
o como el Biobio que demarca la frontera hacia el sur indómito.
Sin embargo,
leufü no significa solamente
un cuerpo de agua que fluye constantemente.
Leufü es rio de energía en movimiento.
Por ende, Chileufü son:
Los eternos ríos de Tierra / terremotos
Los eternos ríos de Agua / aluviones y maremotos
Los eternos ríos de Fuego / volcanes en erupción
Los eternos ríos de Aire / tempestades
Los eternos ríos de Éter / la manta compuesta de nombres en mapuzungun
Los eternos ríos de Luz / consciencia reveladora
Los eternos ríos de Vibración / todo está vivo y latiendo al ritmo del corazón y su kultrung
12. DESDE EL ACONCAGUA A LA CRUZ DEL SUR
Al declamar los 7 eternos ríos,
Chileufü se vuelve un fractal del planeta,
un perfecto microcosmos reflejando el macrocosmos.
El habitante se vuelve un biocultor
capaz de situarse en un gran altar para reordenar los 7 elementos.
Con la cruz andina, la chakana o ngumin,
nos transportamos desde el Aconcagua a la Cruz del Sur,
por el mismo arcoiris dejado por Kak’n el gran ñandú,
y así declamar la siguiente:
Al Este, mirando a Los Andes,
predomina el elemento Tierra
con su mayor esplendor de colores en primavera.
Al Norte, en el desierto,
La tierra que guarda el color del sol en sus entrañas,
donde gobierna el calor del elemento Fuego
para hacer madurar los frutos en verano.
Al Oeste, hacia el gran Cielo
reflejado por el espejo del mar,
impera el Aire en otoño para cosechar.
Al Sur, conquistado por el Agua,
con su invierno de lluvias diarias y centenarias,
hasta llegar a congelar el continente de la Antártida.
Al Centro, en la garganta de los habitantes,
el Éter se manifiesta para hacer de Chile
un País de Poetas Elementales,
Mistral, Neruda, de Rokha y Nicanor,
Vicente Huidobro, Jodorowsky y Violeta Parra.
Hacia arriba, en lo alto más allá del sol
lo que nos hace ir realmente
de las tinieblas a la Luz.
Hacia abajo, ponemos atención,
pecho a pecho con la Tierra,
sentimos nuestra vibración,
nos volvemos un solo latido con el kultrung.
13. MARIKÜLANTÜ
Y así, con la alineación de los hitos, ritos y mitos
tanto locales como universales,
levantamos de pie a nuestro avatar,
tomamos el báculo de Asclepios,
levantamos la serpiente al igual que Ofiuco,
el décimo tercer signo oculto por Babilonia,
para enarbolar una nueva bandera que marque esta historia.
Unimos la bandera de Chileftraru, Eterno Lautaro,
con la bandera de la Real Independencia de 1818.
Fundimos en el lienzo de nuestra piel de huacho champurria’o
los colores blanco, azul y rojo
con el azul profundo del sueño mapuche
hasta llegar al color violeta de la transmutación.
Y sellamos este acto poniendo en el centro de Violeta
la estrella de 5 puntas de Chile
con el lucero del alba, venus, wünelfe,
logrando así un sol coronado con 13 puntas
que despierta al avatar que llevamos dentro
con 13 mil millones de años de consciencia coral,
humanizándose en un ciclo de cataclismos
que suceden cada 13 mil años.
Estamos en los tiempos de Marikülantü.